Hay momentos en los que la Tierra parece completamente tranquila. Caminamos sobre ella, construimos ciudades, levantamos puentes, dormimos en nuestras casas y rara vez pensamos en lo que ocurre bajo nuestros pies. Pero, en determinados lugares y momentos, esa aparente tranquilidad puede romperse en cuestión de segundos.
Primero puede sentirse una vibración leve.
Luego, el suelo comienza a moverse.
Las ventanas tiemblan, los objetos caen, las paredes crujen y, durante unos instantes que pueden parecer eternos, descubrimos algo inquietante: el terreno que siempre hemos considerado firme también puede convertirse en una fuerza imposible de controlar.
Eso es un terremoto.
A lo largo de la historia, los grandes terremotos han cambiado ciudades, modificado paisajes, provocado tsunamis y dejado imágenes que permanecen durante generaciones. Sin embargo, detrás de cada sacudida existe una historia mucho más profunda: enormes bloques de roca sometidos a presión, fallas que atraviesan regiones enteras y fuerzas geológicas que pueden permanecer acumulándose durante años antes de liberarse de manera repentina.
La buena noticia es que, aunque los seres humanos no podemos impedir que ocurra un terremoto, sí podemos comprender mejor el peligro, reducir nuestra vulnerabilidad y aprender cómo actuar antes, durante y después de una emergencia.
Porque cuando la Tierra tiembla, el conocimiento también puede salvar vidas.
¿Qué es realmente un terremoto?
Un terremoto, también llamado sismo, es una sacudida del terreno producida por una liberación repentina de energía en el interior de la Tierra.
No se trata simplemente de que “la Tierra se mueva”. Lo que sentimos en la superficie es el resultado de un proceso que puede haberse estado desarrollando silenciosamente durante mucho tiempo.
Las rocas que forman la parte externa del planeta están sometidas a enormes fuerzas. Grandes bloques de la corteza terrestre pueden empujarse, comprimirse o deslizarse unos junto a otros. Sin embargo, el movimiento no siempre ocurre de manera suave.
La fricción puede hacer que dos bloques de roca queden temporalmente bloqueados.
Mientras eso sucede, la presión continúa aumentando.
Es como intentar mover un objeto pesado que se encuentra atascado. Al principio parece inmóvil, pero la fuerza sigue acumulándose. Finalmente, llega un momento en que el objeto se libera de golpe.
En una falla geológica ocurre algo parecido.
Cuando la tensión acumulada supera la resistencia y la fricción que mantenían bloqueadas las rocas, estas pueden desplazarse bruscamente. Esa liberación genera energía que viaja en forma de ondas sísmicas y hace vibrar el suelo.
El punto del interior de la Tierra donde comienza la ruptura recibe el nombre de hipocentro o foco sísmico. El punto situado en la superficie, directamente sobre esa zona, se conoce como epicentro.
Pero hay algo importante que muchas veces se olvida: el epicentro no es necesariamente el único lugar donde puede producirse destrucción.
Un terremoto muy poderoso puede sentirse a enormes distancias. Además, el daño depende de muchos factores, entre ellos:
- La magnitud del terremoto.
- La profundidad a la que ocurre.
- La distancia hasta la zona habitada.
- El tipo de suelo.
- La duración del movimiento.
- La calidad de las construcciones.
- La preparación de la población.
Por eso, un terremoto de determinada magnitud no produce necesariamente los mismos efectos en todos los lugares.
Las fallas geológicas: las cicatrices ocultas de la Tierra
Para entender por qué tiembla el planeta, primero hay que hablar de las fallas geológicas.
Una falla es una fractura o zona de fracturas en las rocas de la corteza terrestre a lo largo de la cual se ha producido desplazamiento.
Algunas fallas pueden permanecer relativamente estables durante largos periodos. Otras son capaces de generar terremotos.
Existen diferentes tipos principales de fallas.
Fallas normales
En este tipo de falla, uno de los bloques desciende con respecto al otro. Generalmente están relacionadas con fuerzas que separan o estiran la corteza.
Fallas inversas
Aquí ocurre lo contrario: la presión comprime las rocas y un bloque puede elevarse con respecto al otro.
Este tipo de movimiento es especialmente importante en zonas donde grandes bloques de la corteza convergen y ejercen enormes presiones.
Fallas de desplazamiento lateral
En estas fallas, los bloques se desplazan principalmente de forma horizontal.
Uno de los ejemplos más conocidos del mundo es la famosa Falla de San Andrés, en California.
Estos tres grandes tipos de fallas —normal, inversa y de desplazamiento lateral— representan diferentes respuestas de las rocas ante las fuerzas que actúan sobre ellas.
Y aquí aparece una idea fascinante: bajo muchas regiones aparentemente tranquilas existen estructuras geológicas capaces de registrar movimientos que han ocurrido durante enormes periodos de tiempo.
No siempre podemos ver una falla.
Algunas atraviesan paisajes montañosos. Otras se encuentran ocultas bajo sedimentos, ciudades o incluso bajo el océano.
Eso significa que una zona puede parecer completamente estable a simple vista y, sin embargo, formar parte de una región con actividad sísmica.
La Falla de San Andrés: una de las más famosas del planeta
Cuando se habla de terremotos, hay un nombre que aparece una y otra vez: la Falla de San Andrés.Esta enorme estructura geológica se encuentra en California y forma parte del límite entre la placa del Pacífico y la placa Norteamericana.
A lo largo de esta zona, los bloques se desplazan principalmente de forma lateral. El movimiento es lento en términos humanos, pero constante a escala geológica.
El problema aparece cuando determinadas secciones permanecen bloqueadas.
La presión puede acumularse durante décadas, siglos o incluso más tiempo. Cuando finalmente ocurre una ruptura, la energía liberada puede provocar un terremoto de gran intensidad. El sistema de la Falla de San Andrés supera los 800 kilómetros de longitud y está conectado con una compleja red de otras fallas, entre ellas estructuras como la falla de Hayward y la de San Jacinto.
Sin embargo, es importante separar la ciencia de los escenarios exagerados del cine.
La Falla de San Andrés no va a partir California en dos ni hará que el estado “caiga al océano”. Tampoco existe evidencia de que pueda producir un terremoto de magnitud 10.
El tamaño máximo posible de un terremoto está relacionado, entre otros factores, con las dimensiones de la zona de falla que puede romperse. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, un terremoto superior a aproximadamente magnitud 8,3 en la Falla de San Andrés es extremadamente improbable debido a las dimensiones conocidas de esa estructura.
Eso no significa que el peligro sea pequeño.
Un terremoto de magnitud 7 u 8 puede provocar daños enormes, especialmente en áreas densamente pobladas.
Además, la Falla de San Andrés no actúa sola. Forma parte de un complejo sistema geológico donde numerosas fallas pueden interactuar entre sí.
De hecho, investigaciones recientes continúan estudiando cómo se acumula y se transfiere la tensión entre la Falla de San Andrés y otras estructuras cercanas.
El Cinturón de Fuego del Pacífico: una enorme zona donde la Tierra nunca está completamente quieta
Aunque la Falla de San Andrés es famosa, no es la única región del planeta con gran actividad sísmica.
Alrededor del océano Pacífico existe una extensa zona conocida como el Cinturón de Fuego del Pacífico.
Este enorme cinturón rodea buena parte del océano y concentra una gran actividad sísmica y volcánica. En esta región se encuentran zonas de países como Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Centroamérica, México, Estados Unidos, Canadá, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda.
Gran parte de la actividad está relacionada con los límites entre grandes placas y, en muchos sectores, con zonas de subducción.
En estas regiones, una parte de la corteza se introduce bajo otra, generando enormes tensiones.
El resultado puede ser la acumulación de energía suficiente para producir algunos de los terremotos más poderosos conocidos.
El Cinturón Circumpacífico concentra aproximadamente el 81 % de los mayores terremotos del planeta, según información del Servicio Geológico de Estados Unidos.
Por eso no es casualidad que algunos de los terremotos más intensos registrados hayan ocurrido en países ubicados alrededor del Pacífico.
Chile, por ejemplo, sufrió en 1960 el terremoto instrumentalmente registrado de mayor magnitud, estimado en 9,5.
Alaska experimentó en 1964 un terremoto de magnitud 9,2.
Japón vivió en 2011 uno de los terremotos más impactantes de la historia reciente, acompañado por un devastador tsunami.
Indonesia sufrió en 2004 un gigantesco terremoto submarino que generó uno de los tsunamis más mortíferos de la historia moderna.
Estos eventos recuerdan algo fundamental: cuando un gran terremoto ocurre bajo el océano y produce un desplazamiento vertical significativo del fondo marino, el peligro no termina cuando deja de temblar.
A veces, apenas está comenzando.
Cuando un terremoto provoca un tsunami
No todos los terremotos generan tsunamis.
Para que se produzca una gran ola de este tipo deben reunirse determinadas condiciones.
Uno de los factores más importantes es que el movimiento del terremoto desplace verticalmente una gran porción del fondo marino.
Cuando el suelo oceánico asciende o desciende bruscamente, puede desplazar enormes cantidades de agua. Esa perturbación viaja a través del océano y, al acercarse a la costa, puede transformarse en olas extremadamente destructivas.
Por eso las zonas de subducción representan una amenaza especialmente importante para los países costeros.
Una falla de desplazamiento principalmente horizontal, como la mayor parte del sistema de San Andrés, no produce normalmente el mismo tipo de desplazamiento vertical del fondo oceánico necesario para generar un gran tsunami.
En cambio, las grandes zonas de subducción pueden mover enormes áreas del fondo marino.
En este sentido, el terremoto no siempre debe verse como un evento aislado.
Puede desencadenar otros peligros:
- Tsunamis.
- Deslizamientos de tierra.
- Incendios.
- Licuefacción del suelo.
- Daños en presas.
- Colapso de edificios.
- Interrupción de carreteras, electricidad y comunicaciones.
A veces, las consecuencias secundarias pueden resultar incluso más peligrosas que la sacudida inicial.
Los lugares más vulnerables a los grandes terremotos
Ningún lugar del planeta puede considerarse completamente inmune a los terremotos. Sin embargo, existen regiones donde el peligro es claramente mayor debido a su ubicación geológica.
Entre las zonas más activas se encuentran las situadas cerca de límites entre grandes placas y sistemas de fallas activas.
La costa occidental de América
Desde Alaska hasta el extremo sur de Chile se encuentran algunas de las regiones sísmicamente más activas del mundo.
Esto incluye zonas de Estados Unidos, México, América Central, Colombia, Ecuador, Perú y Chile.
La interacción entre diferentes placas convierte a esta extensa región en un área de importante actividad sísmica.
Japón
Japón se encuentra en una región donde interactúan varias placas tectónicas, lo que explica su intensa actividad sísmica y volcánica.
El país ha desarrollado algunos de los sistemas de preparación y construcción sismorresistente más avanzados del mundo.
Indonesia
Indonesia se encuentra en una compleja región tectónica y es especialmente vulnerable a terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis.
Su geografía, formada por miles de islas, añade una dificultad adicional: un terremoto submarino puede afectar zonas costeras muy alejadas del lugar donde se produjo la ruptura.
Turquía y la región del Mediterráneo oriental
Esta zona está atravesada por importantes sistemas de fallas y se encuentra dentro del llamado cinturón sísmico Alpide, otra de las grandes regiones de actividad sísmica del planeta.
El Himalaya y Asia meridional
La enorme presión entre grandes bloques de la corteza ha generado una región con un importante potencial sísmico.
La presencia de grandes montañas no significa que el terreno sea estable. De hecho, las fuerzas capaces de deformar enormes regiones también pueden acumular tensiones capaces de producir grandes terremotos.
El planeta no distribuye sus terremotos al azar. Las estadísticas muestran que se concentran principalmente en grandes cinturones sísmicos relacionados con zonas donde interactúan enormes bloques de la corteza terrestre.
¿Y Colombia? Un país donde la actividad sísmica forma parte de la realidad geológica
Colombia también es un país expuesto a la amenaza sísmica.
La interacción entre estructuras geológicas, fallas y la relación entre las placas de Nazca y Sudamericana contribuyen a la actividad sísmica del territorio.
El Servicio Geológico Colombiano señala que en el país se registran alrededor de 80 sismos al día, aunque la mayoría no son percibidos por la población. También destaca regiones con una amenaza importante, entre ellas el litoral Pacífico, el Borde Llanero y sectores de Arauca, Santander y Norte de Santander.
Una de las zonas más conocidas es el llamado Nido Sísmico de Bucaramanga, ubicado bajo el municipio de Los Santos, en Santander.
En esta región se concentra una parte muy importante de la actividad sísmica registrada en Colombia.
Según el Servicio Geológico Colombiano, entre el 40 % y el 50 % de la actividad sísmica del país ocurre en esta zona.
La historia sísmica colombiana también demuestra que los terremotos destructivos se han concentrado principalmente en la región andina, el piedemonte oriental de la Cordillera Oriental y el océano Pacífico, aunque otras regiones también pueden experimentar movimientos importantes.
Por eso es un error pensar que solo deben prepararse las personas que viven cerca de un lugar famoso por sus terremotos.
La preparación debería formar parte de la cultura de seguridad.
Y conocer el nivel de amenaza de una zona concreta puede ser más útil que confiar en rumores o en la sensación de que “aquí nunca tiembla”.
El propio Servicio Geológico Colombiano cuenta con un sistema público de consulta de amenaza sísmica que permite conocer información técnica sobre diferentes zonas del país.
La magnitud no lo explica todo: por qué un terremoto menor puede causar grandes daños
Cuando ocurre un terremoto, una de las primeras preguntas suele ser: “¿De cuánto fue?”
La magnitud es importante, pero no cuenta toda la historia.
Dos terremotos de magnitud similar pueden tener consecuencias completamente diferentes.
Imaginemos un terremoto fuerte ocurrido a gran profundidad y lejos de una ciudad.
Ahora pensemos en otro, de magnitud menor, pero muy superficial y justo debajo de una zona densamente poblada.
El segundo podría causar daños mucho mayores.
También importa el tipo de suelo.
Algunos terrenos pueden amplificar las ondas sísmicas.
Otros pueden sufrir un fenómeno conocido como licuefacción, en el que determinados suelos saturados de agua pierden temporalmente parte de su resistencia durante una fuerte sacudida.
El resultado puede ser sorprendente y peligroso: edificios que se inclinan, carreteras que se deforman y terrenos que parecen comportarse de manera casi líquida.
Por eso la amenaza sísmica no depende solamente de una falla.
También importa dónde construimos.
Una ciudad puede estar lejos de una falla importante y, aun así, tener zonas particularmente vulnerables debido a las características del terreno.
Aquí aparece una de las grandes lecciones de los terremotos:
No siempre podemos controlar el fenómeno natural, pero sí podemos reducir el riesgo que hemos construido alrededor de él.
¿Cómo protegerse antes de un terremoto?
Prepararse no significa vivir con miedo.
Significa aceptar que ciertos fenómenos pueden ocurrir y tomar medidas razonables.
Asegura los objetos pesados
Bibliotecas, estanterías, televisores y otros objetos pesados pueden convertirse en un peligro durante un terremoto.
Siempre que sea posible, deben estar correctamente asegurados.
Identifica los lugares más seguros de la vivienda
Conviene conocer con anticipación dónde se puede buscar protección.
Un lugar bajo una mesa resistente puede ofrecer protección frente a objetos que caen.
También es importante alejarse de ventanas, espejos, lámparas y muebles altos.
Prepara un plan familiar
Todos los miembros de la familia deberían saber qué hacer.
¿Dónde reunirse después del terremoto?
¿Cómo comunicarse si las redes telefónicas están saturadas?
¿Quién se encargará de los niños o de las mascotas?
Las respuestas deberían pensarse antes, no durante la emergencia.
Mantén suministros básicos
Agua, alimentos no perecederos, linterna, radio, baterías, medicamentos necesarios y artículos básicos pueden ser importantes si se interrumpen los servicios.
Conoce la seguridad de tu vivienda
En zonas sísmicas, la calidad de la construcción puede marcar una enorme diferencia.
Las normas de construcción sismorresistente existen precisamente porque los edificios pueden diseñarse para reducir el riesgo de colapso.
Las autoridades de preparación ante emergencias recomiendan realizar simulacros periódicos y asegurar muebles y objetos pesados que puedan caer durante una sacudida.
¿Qué hacer durante un terremoto?
Sin embargo, correr desesperadamente puede aumentar el peligro.
Una de las recomendaciones de seguridad más conocidas es:
Agáchate, cúbrete y sujétate.
Es decir:
- Baja al suelo para evitar perder el equilibrio.
- Busca protección bajo una mesa resistente u otro elemento adecuado.
- Sujétate hasta que termine el movimiento.
Las recomendaciones oficiales también señalan que no es buena idea correr hacia el exterior mientras está ocurriendo la sacudida, ya que muchos accidentes se producen por objetos que caen desde edificios. Tampoco se recomienda utilizar ascensores durante un terremoto.
Si estás dentro de un edificio
Aléjate de:
- Ventanas.
- Espejos.
- Estanterías.
- Objetos pesados.
- Lámparas.
- Elementos que puedan caer.
Busca protección y permanece allí hasta que termine el movimiento.
Si estás en la calle
Dirígete hacia un espacio abierto, lejos de edificios, postes, cables eléctricos, árboles y otras estructuras que puedan caer.
Si estás conduciendo
Reduce la velocidad y detente en un lugar seguro, evitando puentes, túneles, cables eléctricos y estructuras elevadas.
Permanece dentro del vehículo hasta que finalice la sacudida si el lugar es seguro.
¿Qué hacer después de que termine el terremoto?
El final del movimiento no significa necesariamente que todo haya terminado.
Después de un terremoto pueden producirse réplicas.
Algunas pueden ser fuertes.
Por eso es importante mantenerse alerta.
Revisa si hay personas heridas y solicita ayuda cuando sea necesario.
Si percibes olor a gas o detectas daños importantes, evita generar chispas o utilizar elementos que puedan provocar un incendio.
También es recomendable seguir únicamente las instrucciones de las autoridades y evitar difundir rumores.
En una emergencia, la información falsa puede ser tan peligrosa como el pánico.
Si el terremoto ocurrió en una zona costera y existe riesgo de tsunami, la rapidez es fundamental.
Un fuerte terremoto cerca del mar puede ser una advertencia natural. En determinadas circunstancias, no hay que esperar a ver el agua comportarse de manera extraña para comenzar a desplazarse hacia zonas seguras cuando las autoridades o los protocolos locales indiquen evacuación.
¿Se pueden predecir los terremotos?
Esta es una de las preguntas que más personas se hacen.
La respuesta es sencilla, aunque quizá no sea la que todos quisieran escuchar:
No podemos predecir con exactitud el día, la hora y el lugar preciso de un gran terremoto.
Los científicos pueden identificar regiones con mayor actividad y estudiar fallas activas.
Pueden calcular probabilidades y analizar cómo se acumula la tensión en determinadas zonas.
También existen sistemas de alerta temprana capaces de detectar un terremoto una vez que ha comenzado y enviar avisos antes de que las ondas más intensas lleguen a determinadas áreas.
Pero eso no significa que podamos anunciar:
“Habrá un terremoto de determinada magnitud el próximo martes a las 3:00 de la tarde”.
La Tierra todavía guarda demasiadas variables ocultas en su interior.
Y esa incertidumbre es precisamente una de las razones por las que la preparación es tan importante.
No necesitamos saber exactamente cuándo ocurrirá un terremoto para prepararnos.
Preparamos un extintor sin saber cuándo habrá un incendio.
Usamos cinturón de seguridad sin saber si tendremos un accidente.
La preparación ante terremotos funciona de la misma manera.
El calentamiento global y los terremotos: una aclaración importante
Después de grandes terremotos o fenómenos naturales, es frecuente encontrar afirmaciones que relacionan automáticamente cualquier desastre con el calentamiento global.
Pero en el caso de los terremotos tectónicos, su causa principal está relacionada con procesos geológicos y con la liberación de energía acumulada en fallas.
No es correcto afirmar que el calentamiento global sea la causa directa de la actividad tectónica responsable de la mayoría de los grandes terremotos.
Sin embargo, esto no significa que ambos temas no puedan formar parte de una conversación más amplia sobre los riesgos naturales y la vulnerabilidad de las sociedades.
Una población puede enfrentar simultáneamente diferentes amenazas: terremotos, inundaciones, olas de calor, tormentas, incendios y otros fenómenos.
¿Cuál podría ser el próximo gran terremoto?
Es imposible saberlo con certeza.
Puede ocurrir en una región conocida por su intensa actividad sísmica o en una falla menos famosa.
La historia demuestra que la Tierra puede sorprender incluso en lugares donde la población no esperaba un gran evento.
Por eso resulta peligroso pensar únicamente en las fallas más famosas.
La Falla de San Andrés recibe una enorme atención mundial, pero no es la única capaz de producir terremotos devastadores.
Las zonas de subducción del Pacífico, las grandes fallas de Turquía, las regiones sísmicas del Himalaya y numerosos sistemas geológicos distribuidos por el planeta continúan acumulando y liberando energía.
La verdadera pregunta quizá no debería ser únicamente:
“¿Cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto?”
Sino:
“¿Estamos preparados si ocurre?”
La verdadera amenaza no siempre es el terremoto
Un terremoto poderoso es un fenómeno impresionante.
Pero muchas veces el desastre no está determinado únicamente por la fuerza del movimiento.
Dos ciudades pueden sufrir una sacudida similar.
Una puede resistir mejor gracias a edificios preparados, normas de construcción, sistemas de emergencia y población entrenada.
La otra puede sufrir daños mucho mayores debido a construcciones vulnerables y falta de preparación.
Esto nos lleva a una conclusión fundamental:
Los terremotos son fenómenos naturales, pero las tragedias humanas pueden agravarse o reducirse según la preparación de una sociedad.
No podemos detener una falla geológica.
No podemos impedir que las rocas acumulen tensión para siempre.
Pero sí podemos construir mejor.
Podemos evitar levantar estructuras críticas sobre zonas especialmente peligrosas cuando existan alternativas.
Podemos educar a nuestros hijos.
Podemos preparar nuestras viviendas.
Podemos aprender qué hacer.
Y podemos evitar que el desconocimiento nos paralice.
Conclusión: cuando la Tierra tiembla, cada segundo cuenta
Los terremotos nos recuerdan algo que a veces olvidamos.
Vivimos sobre un planeta extraordinario, poderoso y dinámico.
Bajo nuestros pies existen fallas, enormes masas de roca sometidas a presión y fuerzas capaces de liberar en segundos una cantidad impresionante de energía.
La Falla de San Andrés, el Cinturón de Fuego del Pacífico, las zonas de subducción, los sistemas sísmicos de Asia y las fallas presentes en países como Colombia son parte de una realidad geológica que no desaparece porque dejemos de pensar en ella.
No podemos detener un terremoto.
Tampoco podemos saber con precisión el día exacto en que una falla liberará la energía que ha acumulado.
Pero sí podemos conocer el peligro.
Podemos construir mejor.
Podemos asegurar nuestras viviendas.
Podemos preparar un plan.
Podemos enseñar a nuestras familias qué hacer.
Y, sobre todo, podemos reemplazar el miedo por preparación.
Porque cuando todo empieza a temblar, no hay tiempo para aprender desde cero.
Los segundos pueden decidirlo todo.
La Tierra seguirá cambiando y moviéndose.
La pregunta es si nosotros estaremos preparados cuando vuelva a recordarnos que, incluso bajo nuestros pies, nada está completamente inmóvil.
Preguntas frecuentes sobre los terremotos
¿Qué causa un terremoto?
La mayoría de los terremotos se producen cuando la tensión acumulada en una falla geológica supera la resistencia que mantenía bloqueadas las rocas. Estas se desplazan repentinamente y liberan energía en forma de ondas sísmicas.
¿Cuál es la diferencia entre un terremoto y un sismo?
En términos generales, ambos términos se utilizan para describir el movimiento de la Tierra producido por la liberación de energía. En el uso cotidiano, “terremoto” suele emplearse para eventos que producen una sacudida importante o daños significativos.
¿La Falla de San Andrés puede provocar un terremoto de magnitud 10?
No existe ninguna falla conocida en la Tierra capaz de producir un terremoto de magnitud 10. La Falla de San Andrés tampoco tiene las dimensiones necesarias para generar un evento de esa magnitud. Los estudios del USGS indican que terremotos superiores a aproximadamente 8,3 allí son extremadamente improbables.
¿Todos los terremotos pueden provocar un tsunami?
No. Para generar un tsunami generalmente es necesario un desplazamiento importante y rápido del fondo marino, especialmente de forma vertical. Muchos terremotos ocurren en tierra o producen movimientos que no desplazan suficiente agua.
¿Se pueden predecir los terremotos?
Actualmente no es posible predecir con exactitud el día, la hora y el lugar donde ocurrirá un gran terremoto. Sin embargo, los científicos pueden identificar zonas de mayor amenaza y estudiar las fallas activas.
¿Qué debo hacer durante un terremoto?
Si estás en un lugar seguro dentro de una construcción, una recomendación ampliamente utilizada es agacharte, cubrirte bajo una estructura resistente cuando sea posible y sujetarte hasta que termine la sacudida. Evita correr durante el movimiento, usar ascensores o colocarte cerca de ventanas y objetos que puedan caer.
¿Colombia es un país con riesgo sísmico?
Sí. Colombia presenta actividad sísmica asociada a diferentes procesos geológicos y sistemas de fallas. El Servicio Geológico Colombiano mantiene herramientas y estudios para evaluar la amenaza sísmica en el territorio.
¿Qué zonas de Colombia presentan una amenaza sísmica importante?
Según información reciente del Servicio Geológico Colombiano, el litoral Pacífico, el Borde Llanero y sectores de Arauca, Santander y Norte de Santander se encuentran entre las zonas que pueden experimentar mayores aceleraciones del terreno en los escenarios evaluados por el modelo nacional de amenaza sísmica.








0 Comentarios